Gerenciar el desempeño energético

El tema del suministro energético ha estado en la palestra mundial por no menos de 40 años – desde la crisis petrolera de 1973 – que conllevó a la creación de organismos multilaterales como la Agencia Internacional de Energía (IEA en inglés), así como el concepto de Seguridad Energética entre las naciones. Posteriormente, en los años 90, comenzaron los planteamientos del posible agotamiento de las fuentes energéticas fósiles, y los efectos que su uso indiscriminado estaban causando al planeta – calentamiento global y cambio climático – aunque este último llegó a la conciencia popular con una acción retardada de casi 10 años. Y no fue hasta recientemente que la sociedad internalizó, a pesar de los altísimos costos de estos servicios, que mejorando el desempeño energético de sus organizaciones, es decir, implementando medidas de eficiencia energética se puede contribuir con el desarrollo sostenible del país.

¿Cómo lo hago?

Una vez identificado el objetivo de mejorar el desempeño energético de la organización, lo primero que hay que hacer es controlar sus consumos, y aunque suene sencillo, hay que tener presente que para controlarlos se debe conocerlos, llegando de esta manera a la máxima de los Sistemas de Gestión: “Sólo se mejora lo que se conoce y controla”.

Ahora bien, cuando se habla del tema de eficiencia energética siempre hay empresas “consultoras” que hacen ver que la única alternativa para la disminución del consumo, es mediante el reemplazo tecnológico, o la autogeneración. Esto no es más que cantos de sirenas, ya que existen metodologías para determinar cuantitativamente las medidas más efectivas a corto, mediano y largo plazo que pueden ser acometidas por las organizaciones para la reducción de sus consumos energéticos, en el marco de una política clara, dirigida, y de mejora continua. De esta manera nace la norma ISO 50001:2011 que sienta las bases para el desarrollo de los Sistemas de Gestión de Energía.

Evidentemente, ambas vías – reemplazo tecnológico, e implementación de sistemas de gestión – alcanzan el objetivo de reducir el consumo; sin embargo, surgen ahora las siguientes interrogantes: ¿Con el reemplazo, alcanza usted la capacidad de controlar su consumo? ¿La inversión tecnológica planteada es la mejor en término costo/efectivo que pudo haber realizado? ¿En toda su organización, no hay medidas operacionales que se puedan implementar para disminuir el consumo? Si alguna de sus respuestas es “No” o “No sé”, la organización está aplicando medidas aisladas que probablemente no serán sostenibles en el tiempo.

En conclusión, la finalidad de mejorar el desempeño energético de la organización, no reside sólo en cuánto se logre reducir la facturación mediante la inversión intensiva de capital, sino en cómo sentar las bases para su control efectivo, siendo el manejo oportuno de la información el activo más valioso que puede poseerse. Pasar de ver a la instalación como una caja negra a definir qué, cuánto y cuándo se consume, es el valor agregado más importante a considerar, desplazando la visión a corto por la de largo plazo, ya que es esta última la que permitirá el alcanzar los objetivos planteados por la organización de forma inteligente y sostenible.

Publicado en: Revista Factor de Éxito, Edición V, 2016, pp. 48-50 (Ver más de la revista)