beneficios económicos de ser amigables con el ambiente

En la medida que los INDC presentados ante el COP 21 toman fuerza el tema medioambiental se hace cada vez más visible y palpable a nivel organizacional y comunicacional. Seguramente en su empresa exista un plan de ahorro de energía, bien sea por cumplimiento regulatorio o disposición gerencial, y hasta tengan implementado un Sistema de Gestión Ambiental, lo que sitúa a su institución dentro del “sendero verde”. Aun así, ¿alguna vez llegó a pensar que tales acciones le pueden traer consigo “beneficios económicos”?, ¿o simplemente lo ve como un costo operacional por ser responsable? Pues bien, en este artículo quitamos el enfoque quimérico de ser amigables con el ambiente y lo traducimos al lenguaje del sector industrial/comercial: generar divisas y disminución de costos operativos.

Si bien es cierto que muchas empresas tienen un compromiso ambiental bien definido, pocas organizaciones pueden estimar con exactitud cuál es el impacto de sus operaciones en el planeta, lo que se denomina como Huella de Carbono, y en otros casos, aquellas que conocen su huella no manejan a nivel local cómo pueden disminuirla sin que esto afecte su flujo de caja, o bien qué deben hacer para revertir la balanza y generar ganancia sobre este tema. 

La huella de carbono (carbon footprint, en inglés) es la forma coloquial de definir el impacto, en términos de emanaciones de dióxido de carbono (CO2), como consecuencia de la realización de una actividad, un producto, un proceso industrial, o simplemente de nuestra vida cotidiana. Desde el punto de vista corporativo, la necesidad de mostrar al mundo la sostenibilidad de las operaciones llevaron al desarrollo de una metodología unificada que permitiera garantizar la validez de los valores reportados y, con ella, la cuantificación precisa de las medidas de mitigación emprendidas. De aquí surgen, entre otros, el Protocolo Corporativo de GEI (Gases de Efecto Invernadero) y la norma ISO 14064, siendo ésta la aplicada al momento de cuantificar a nivel organizacional las emisiones de GEI mediante el levantamiento de un inventario de tales emanaciones.

El Inventario de GEI en Centroamérica y El Caribe  

La realización del inventario de los GEI de una organización, como su nombre lo indica, consiste en la identificación y contabilización de todas las actividades que impliquen la emisión de cualquiera de los compuestos considerados en el Protocolo de Kioto, en términos de toneladas de dióxido de carbono. Entre las actividades más comunes que emiten GEI se pueden mencionar: combustión en equipos fijos (calderas, hornos, turbinas), y móviles (vehículos particulares, de carga), compra de electricidad, vapor o calor, viajes de negocios, despachos de producto, etc.

En la región de Centroamérica y El Caribe, a pesar generar la electricidad principalmente con fuentes fósiles, se están empezando a dar indicios de un despertar en este ámbito, desde el desarrollo de inventarios de GEI en instituciones públicas, gremios, corporaciones de diversa naturaleza, entre otras. En estas últimas es donde reside parte de nuestra experiencia como consultores ambientales, levantando inventarios, desarrollando planes de ahorro de energía y de eficiencia energética, y asesorando empresas en la materia desde el 2013, lo que nos ha convertido en pioneros en el sector industrial de Venezuela.

En el caso de grandes empresas trasnacionales, muchas veces la huella de carbono se levanta a nivel de las casas matrices, y en el país poco se le atiende a los potenciales que conllevan al incremento en la eficiencia operacional de la organización, así como algunos de los beneficios económicos tangibles que permiten. Algunos de estos se enumeran a continuación:

  • Mejoramiento de la imagen pública de la empresa o institución en el colectivo, ya que con éstas herramientas inicia su camino hacia la sostenibilidad.
  • Al expresar todas las actividades (consumos) de la empresa en una sola unidad (toneladas de CO2), las organizaciones pueden apreciar globalmente su desempeño y encontrar potenciales de ahorros significativos, anteriormente invisibles, que permitan disminuir sus costos y a la vez su impacto en el medio ambiente. De otra manera ¿cómo se pudiera comparar el consumo de electricidad (expresado en kWh), con el de agua (expresado en m3), o con el transporte de producto terminado (expresado en ton)?.
  • La norma ISO 14064 es compatible con todos los Sistemas de Gestión que se manejan en las organizaciones (calidad: 9001, ambiente: 14001, energía: 50001, etc.), y sirve a su vez de auditor interno de todos los procesos de generación de valor de la empresa.
  • Los proyectos de mitigación de emisiones (reemplazo de tecnología, eficiencia energética, energías renovables, etc.) pueden ser comercializados como Bonos de Carbono, pero también en el mercado voluntario de emisiones, pudiendo reducir el monto de inversión inicial del proyecto a $0, implicando un Pay-Back Time de pocos meses.
  • En el caso de ciertas legislaciones, los Estados otorgan incentivos y exoneraciones fiscales a todas las iniciativas enfocadas en la reducción de emisiones o efluentes, especialmente cuando ello conduzca a reducir las emisiones de GEI, así como la realización de Análisis de Ciclo de Vida de productos, o materiales que se producen, entre otras actividades.

En conclusión, las herramientas y las experiencias que se poseen en la región en materia de la sostenibilidad industrial son valiosas y dan pie a la disminución de nuestro impacto en el planeta, siendo los beneficios más que simples abstracciones o quimeras futuristas que siempre se le han criticado a los ambientalistas. Sí es posible ser responsable ambientalmente y disminuir los costos de producción, comercialización, u operación, mediante el desarrollo del inventario de las emisiones de organizaciones enteras y su posterior control y reducción.